
No es nada especial pasar la mayor parte del día sentado en una silla. Ya sea en la oficina o en casa, pasamos mucho tiempo en la misma posición. Sin embargo, la incomodidad que ha ido en aumento recientemente es más sobre la sensación de que ‘la cabeza no funciona bien’ que sobre el dolor de espalda. Las palabras no vienen a la mente de inmediato, la concentración se dispersa rápidamente y el progreso en el trabajo es lento. Cuanto más se prolonga la vida de estar en casa durante el invierno, más evidentes se vuelven estos cambios. El hábito de estar sentado durante mucho tiempo puede afectar primero la función cerebral antes que el cuerpo.
Cuanto más tiempo se pasa sentado, menor flujo sanguíneo cerebral
Estar sentado durante mucho tiempo reduce significativamente el movimiento de los músculos de la parte inferior del cuerpo. Esto debilita la función de bombeo que empuja la sangre hacia arriba, y la velocidad de circulación sanguínea en todo el cuerpo también disminuye. Como resultado, la eficiencia en el suministro de oxígeno y nutrientes al cerebro puede verse afectada. Si a esto se le suma la postura de mirar la pantalla con la cabeza inclinada hacia adelante, los músculos alrededor del cuello y los hombros se tensan, lo que pone presión sobre el flujo sanguíneo hacia el cerebro. Si este estado se repite, es fácil sentir que la cabeza está nublada y que la velocidad de pensamiento ha disminuido. Es una señal que puede ser fácil de pasar por alto como simple fatiga, pero es muy probable que sea un cambio causado por el estilo de vida.
La falta de actividad reduce la concentración y el juicio
El cerebro puede parecer un órgano que funciona incluso cuando está quieto, pero en realidad está estrechamente conectado con el movimiento del cuerpo. Esa es la razón por la que incluso un breve paseo o un cambio de postura puede aumentar el estado de alerta. Por el contrario, si se está sentado en la misma posición durante todo el día, el cerebro recibe menos estímulos externos, y la velocidad de reacción y el juicio pueden volverse gradualmente más lentos. Si sientes que el tiempo de trabajo se alarga pero los resultados disminuyen, el problema puede no ser la falta de voluntad o concentración, sino la falta de movimiento en sí. Especialmente en invierno, la disminución de la actividad se convierte en algo habitual, y este estado se fija más fácilmente.
El invierno en casa agrava la fatiga cerebral
En invierno, los días son más cortos y la frecuencia de salir disminuye, lo que reduce el tiempo de exposición a la luz natural. Esto puede alterar el ritmo biológico y provocar somnolencia y letargo. Además, el ambiente cálido de los interiores debido a la calefacción puede hacer que el cuerpo se sienta cómodo, pero también puede reducir la tensión en el cerebro. Si se combina con un estilo de vida sedentario, el cerebro permanece en un estado de baja alerta durante todo el día. La razón por la que sientes que tu cabeza no funciona bien especialmente en invierno es el resultado de la interacción entre el cambio estacional y el hábito de estar sentado.
Movimientos de ‘reinicio cerebral’ que se pueden hacer en secreto
No es necesario hacer ejercicio que te haga sudar para despertar el cerebro. Simplemente apretar y soltar los dedos de los pies mientras estás sentado, o levantar los talones alternativamente, puede estimular el flujo sanguíneo en la parte inferior del cuerpo. Levantar la parte superior del cuerpo y respirar profundamente una vez cada hora, así como mover lentamente los hombros en círculos grandes, también ayuda. Estos pequeños movimientos no atraen la atención de quienes te rodean, pero envían nuevos estímulos al cerebro. Lo que es más importante que la intensidad es la frecuencia. Un hábito de moverse de forma breve y frecuente revive el ritmo del cerebro.
La sensación de ‘torpeza’ es una respuesta al estilo de vida
Es fácil atribuir la disminución de la concentración o la pérdida de memoria a la edad o al estrés. Sin embargo, si el hábito de pasar la mayor parte del día sentado persiste, su impacto puede aparecer más rápido de lo que se piensa. El cerebro es el órgano que reacciona primero a los cambios en el ritmo diario en lugar de a un cuidado especial. En lugar de depender del café o de los estímulos para aguantar, es mucho más importante cómo se divide el tiempo sentado y cómo se mueve el cuerpo. Cuanto más invierno, el punto de partida para despertar el cerebro no es un ejercicio grandioso, sino un pequeño cambio que comienza en el asiento.
